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Percepción fenomenológica

por Espinosa Carlos Enrique26 enero, 2016

La fenomenología, puede ser considerada como una propuesta metodológica además de una corriente filosófica. Edmund Gustav Albrecht HUSSERL (1859 – 1938), filósofo alemán, es conocido como el “padre de la fenomenología”.

La fenomenología [del griego φαινομαι, (fainomai) = “mostrarse” o “aparecer”, y λογος (logos) = “razón” o “explicación”] es, literalmente, el “estudio de lo que aparece”, de lo que se da a nuestra conciencia. Para la fenomenología los fenómenos son, simplemente, las cosas mismas tal y como se muestran, tal y como se ofrecen a nuestra conciencia. A diferencia del planteo de Kant, para quien “fenómeno” es lo opuesto a las “cosas mismas” (que él llama “noúmeno”), la fenomenología entiende que lo que aparece en nuestra conciencia es una manifestación de “las cosas mismas”.

El método fenomenológico de Edmund Husserl

La fenomenología, según la propuesta de Husserl, intenta devolverle a la filosofía un carácter científico, porque aspira al conocimiento estricto de los “fenómenos”, que son “las cosas mismas” pero “tal como se ofrecen a la experiencia y como aparecen en nuestra conciencia”, tal como son conocidas por la conciencia de los seres humanos –porque esto es, en verdad, lo único que tenemos. La fenomenología pretende una radical fidelidad a lo dado, a lo que realmente se ofrece a la experiencia, para describir los rasgos esenciales de las cosas que se nos muestran, las esencias de las distintas regiones de la realidad que en esta actitud se muestran.

Si bien la conciencia está condicionada por prejuicios y anticipaciones, es capaz, con un trabajo lento y fatigoso, de “volver a las cosas mismas” y percibir lo que realmente “está allí”. “La conciencia es huidiza; se dirige a las cosas sin posarse jamás y sin mostrarse ella misma. Pero no oculta ni falsifica aquello que se le aparece, el fenómeno. Antes bien, lo desnuda de ropajes recolectando su verdadera esencia” (Edmund Husserl).

La fenomenología sostiene que la experiencia, el acto de percibir el mundo que nos rodea, es siempre un problema. Observar (ver, oír, sentir) no es una operación mecánica o ingenua: no nos encontramos nunca ante una evidencia que esté fuera de discusión porque la vista y la mente están siempre condicionadas por las anticipaciones, por los prejuicios, por las convicciones científicas, y por las convicciones metafísicas y creencias religiosas, políticas u otras del sujeto. En la historia de la ciencia existen muchos ejemplos de evidencias que han sido “no vistas” durante muchísimo tiempo, ocultadas por lo que se creía que ya se sabía sobre el tema.

Para ver “lo que está allí” sin pasarlo por alto, y para ver nada más que lo que está allí, sin “rellenos” o agregados hechos por la mente, se debe usar el método fenomenológico, que consta de dos pasos: la epojé y la reducción eidética.

La epojé

El procedimiento fundamental del método fenomenológico consta de dos pasos, la epojé y la reducción eidética.

Epojé es el término griego con el que los antiguos griegos designaban la duda, la suspensión de todo juicio. Edmund Husserl retoma el término para expresar mediante él la actitud voluntaria y consciente de la mente de poner “entre paréntesis” todo lo que ya sabe, todo lo que cree, y que condiciona nuestras percepciones actuales. Cuando estamos frente a una cosa, un hecho, un fenómeno, una situación cualquiera por banal que sea, la actitud fenomenológica consiste en suspender los preconceptos y tratar de ver (u oír) todo lo que puede ser visto (u oído) y sin agregar conceptos de nuestra propia mente, sin “rellenar” lo que falta (lo que no se ha dicho, o que no se ha oído), sin interpretar de acuerdo a suposiciones, creencias o conocimientos previos. El método fenomenológico intenta que evitemos ver “lo que no hay”, y que no dejemos de ver todo “lo que realmente hay”. Por lo menos, que nos demos cuenta de que a veces juramos haber visto algo que no existe, o que oímos algo que no fue dicho.

Intentar suspender las interpretaciones de nuestra mente cuando estamos frente a una cosa, persona o hecho, es intentar describir a ese objeto de conocimiento tal como se lo ve (lo obvio). El método fenomenológico es “descriptivo” más que “explicativo”, es decir, importa el cómo más que el por qué. Por ejemplo, si vemos a una persona escuchándonos sentada, con su cabeza apoyada en el mentón, la observación fenomenológica describirá la postura corporal de esa persona en lugar de interpretar que está aburrida de escucharnos (se describe cómo está, en vez de interpretar el por qué está así).

El ejercicio de la epojé supone un trabajo lento y fatigoso, incluso doloroso espiritualmente, que el investigador fenomenológico debe efectuar sobre sí mismo: debe vaciar su mente de las costumbres que subyacen a su percepción, para ponerse en la condición de un espectador ingenuo y que no tiene una posición tomada. Debe tener en cuenta que cada sujeto cognoscente parte siempre de una condición de conocimientos previos, de un punto de vista concreto que es más o menos consciente. Por lo tanto debe tratar de neutralizar esta condición de partida; debe liberarse de una parte de sí mismo y dejar de lado transitoriamente una predisposición natural, es decir, aquel conjunto de convicciones que ciertamente son útiles en la dimensión cotidiana de la vida, pero que por estar basadas en persuasiones que no siempre son ciertas –e incluso muchas veces totalmente equivocadas— obstaculizan el trabajo del investigador fenomenológico.

Para la fenomenología ningún objeto de conocimiento puede considerarse como ya completamente conocido. Nunca está dicha “la última palabra” sobre nada, ni siquiera sobre las leyes científicas “comprobadas”. La historia de la ciencia muestra que muchos de los grandes descubrimientos han sido realizados por científicos que consideraron por primera vez, o desde una perspectiva nueva, experiencias o hechos tan simples que no habían suscitado hasta entonces la necesidad de estudio y profundización necesaria. Por ejemplo, la anécdota atribuida a Newton, que observó que las manzanas siempre caen desde arriba hacia abajo, le permitió postular la ley de la gravitación.

Una meticulosa epojé sobre un objeto cualquiera –por ejemplo, una taza de café— muestra la diferencia entre la imagen mental del objeto y la percepción visible de ese objeto. El ángulo visual determinado que tiene un sujeto deja a la vista ciertos aspectos del objeto, en tanto que la construcción mental –la representación que hacemos de la taza en la conciencia— “ve” al objeto en su totalidad (incluso las partes que no se ven desde el ángulo visual del observador), como si se viera al objeto desde todos los ángulos, y hasta le puede producir deseo de beber café, o le trae recuerdos de alguna otra taza o de una situación vivida en torno a una taza de café (relaciones mentales), todo lo cual pertenece a la mente del sujeto y no a la taza.

En suma, hacer epojé significa adquirir la capacidad de observar realmente, sin permitir que el imaginario, los prejuicios, o la cultura, influyan en nuestra percepción de los datos sensoriales.

Esta capacidad y actitud se desarrollan haciendo el esfuerzo de “estar presente” aquí y ahora, es decir, de ponernos frente al objeto de conocimiento que en este momento nos confronta, sin contaminarlo con preconceptos derivados de otros objetos semejantes o iguales. Esto tiene gran valor al momento de resolver cuestiones por medio de una entrevista con una persona; las situaciones anteriores deben dejarse “entre paréntesis”, en suspenso momentáneamente, para concentrarnos en lo que sucede ahora, en lo que ahora está siendo dicho o hecho.

La reducción eidética

Junto a la epojé, el segundo procedimiento de “higiene psíquica” propuesto por Husserl en el método fenomenológico es la reducción eidética. Ésta se realiza de la siguiente forma: se toma un concepto, cosa o situación que se quiere examinar, se listan las características más notorias y esenciales, luego se van reduciendo o eliminando los detalles hasta quedar con lo más esencial, sin que la cosa o concepto quede desnaturalizado. Lo que queda después de esta reducción, es decir, lo que no puede eliminar si no se quiere destruir el significado básico del objeto en estudio, se llama residuo fenomenológico y define la esencia eidética del objeto de conocimiento. En esta representación eidética el objeto aparece desprovisto de todo lo que es accesorio, accidental, ocasional y no necesario, porque cada elemento variable o subjetivo ha sido eliminado.

De este modo, la fenomenología pretende ser una ciencia de las esencias. La fenomenología dirige una mirada crítica a las ciencias, especialmente a la confianza del positivismo en que se tiene un saber absoluto basado en datos de hechos indudables. Por otra parte, la fenomenología permite analizar las construcciones mentales que no pueden ser sometidas a un estudio empírico, por su propia naturaleza (o por la limitación de la ciencia experimental), tales como la religiosidad del ser humano, el pudor, el amor, la justicia, y otros entes inmateriales que se tornan intuíbles cuando se aplica el método de la reducción eidética.

Aplicaciones de la fenomenología al Coaching

En el trabajo del Coach es fundamental concentrarse en lo que el cliente dice que le pasa, y en la coherencia entre ese decir y lo que le sucede realmente. El Coach escucha atentamente y se abstiene de hacer interpretaciones en su mente; por el contrario, trata de describir –y registrar— las situaciones tal como el cliente las expresa. No le explica al cliente qué le pasa ni por qué le pasa; es el cliente el que debe “darse cuenta” de su situación ayudado por el Coach, que le sirve de espejo. En las entrevistas del Coach con su cliente, la escucha y la pregunta son las herramientas fundamentales que usa el profesional para comprender el problema y acompañar al cliente en la búsqueda de soluciones.

El trabajo del Coach se concentra en la situación presente del cliente, y se considera que el pasado no es un obstáculo insalvable para que el cliente alcance un mejor futuro. Cada cliente y su respectiva situación son considerados como únicos, por lo que el Coach procura que otros casos similares que hubiera conocido antes no lo prejuicien ni le hagan anticiparse en sus conclusiones sin mirar el caso en cuestión de manera atenta y profunda.

Muchas veces el Coach debe ayudar al cliente a usar el método fenomenológico en su análisis de situaciones personales o institucionales, en su manera de discutir y negociar, en su manera de mirar u oír: sin ver o escuchar lo que no existe sino en su imaginación o interpretación.

 

Descripción general
Tema

La percepción fenomenológica de Husserl

Objetivo

Comprender qué es la fenomenología como método para prestar atención en el proceso de coaching

Tiempo de lectura

8 minutos

Créditos

Foto (CC BY-SA 4.0): "Edmund Husserl for PIFAL" de Arturo Espinosa.

Citar artículo

ESPINOSA, E., "Percepción fenomenológica" [en línea]. International Non Directive Coaching Society, 2016. [fecha de consulta DÍA de MES de AÑO]. Disponible en http://www.internationalcoachingsociety.com/percepcion-fenomenologica

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Espinosa Carlos Enrique

ARGENTINA // En la actualidad da conferencias, conduce seminarios y talleres de Coaching, Oratoria, y Filosofía para Niños, escribe, traduce, desarrolla talleres Gestálticos, enseña Filosofía, Sociología y Teología Ecuménica en el Seminario Mayor de Jujuy “Pedro Ortiz de Zárate”, y dirige la escuela de formación en Coaching Integral (Ontológico y Europeo) en “SINERGIA ART COACHING”. Realiza acompañamientos de Coaching a personas individuales y a empresas privadas y estatales en Jujuy, Salta y Tucumán, y naciones vecinas.

2 Comentario
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  • Luis Villa
    22 junio, 2016 at 17:02

    Muy estimado Enrique!.
    Un placer leerte.

    Cuando dices: “Muchas veces el Coach debe ayudar al cliente a usar el método fenomenológico en su análisis de situaciones personales o institucionales, en su manera de discutir y negociar, en su manera de mirar u oír: sin ver o escuchar lo que no existe sino en su imaginación o interpretación”.

    ¿Cuándo consideras que el Coach debe ayudar?
    ¿Bajo qué criterios?
    ¿Esta ayuda la propones antes, durante o después de la sesión?
    ¿Esta ayuda está relacionada con separar hechos e interpretaciones o tiene un alcance mayor? De ser así ¿Cómo sería?

    Me gustaría que ampliaras más sobre esto.

    Recibe mi abrazo!
    Gracias

  • 30 junio, 2016 at 15:22

    Hola Luis:
    Gracias por tus conceptos.
    Tal como escribo en el artículo, la escucha fenomenológica es en primer lugar un recurso metodológico del coach, que debería abstenerse todo lo posible de “interpretar” al cliente.
    Durante las sesiones y el proceso de Coaching, el coach puede ayudar al cliente –mediante sus preguntas– a darse cuenta de cuál es su realidad (la “R” de GROW) vista del modo más objetivo posible, sin los “rellenos” interpretativos, asociativos y críticos de su mente. Las preguntas del coach se enfocan en lo que escucha y que refleja al cliente. En el proceso de reflejar, racapitular y sentetizar (espejar) aparece la oportunidad de preguntar para darle al cliente la posibilidad de ver lo que no ha visto y de cuestionar lo que cree haber visto.
    Un abrazo,
    Enrique.

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