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El coaching y la biología del amor

por Espinosa Carlos Enrique el 9 febrero, 2016
Artículos de opinión
Descripción general
Tema

Diferencias sobre el concepto de amor entre Humberto Maturana y Rafael Echeverría y su relación con el coaching

Objetivo

Reconocer el aspecto fundamenetal del amor en el coaching advirtiendo de las diferencias conceptuales del mismo entre Humberto Maturana y Rafael Echeverría dese la perspectiva de la visión del Coaching Humanista (no directivo)

Tiempo de lectura

7 minutos

Créditos

Foto (CC BY-SA 4.0): "Talk" de Lovelorn Poets.

Citar artículo

ESPINOSA, E., "El coaching y la biología del amor" [en línea]. International Non Directive Coaching Society, 2016. [fecha de consulta DÍA de MES de AÑO]. Disponible en http://www.internationalcoachingsociety.com/el-coaching-y-la-biologia-del-amor/

Hace un par de semanas, los estudiosos del pensamiento y los escritos de Humberto Maturana y de Rafael Echeverría, hemos estado leyendo un intercambio de opiniones (“juicios”, para los coaches ontológicos) en los que quedan de manifiesto las diferencias entre estos dos pensadores, cuyas enseñanzas han dado origen al Coaching Ontológico –aunque Maturana niega explícitamente su vinculación con esta práctica o profesión.

Las diferencias entre Maturana y Echeverría, en verdad, son varias; y ambos autores son conscientes de ellas. Me interesa presentar aquí algunas implicaciones que estas diferencias tienen para la práctica del Coaching (sin apellidos).

En una carta de Echeverría publicada por la revista Capital Online, el 25 de enero de 2016, éste declara su distanciamiento con Maturana. Los planteamientos de Maturana, dice Echeverría, “se me hicieron crecientemente problemáticos. Su incursión en el dominio de los fenómenos sociales me ha parecido siempre deficiente y todo lo que guarda relación con ‘la biología del amor’ me parece insostenible y carente de todo sustento serio. Discrepo también de su concepción de la realidad y del observador. Hoy en día, mis enseñanzas no mencionan a Maturana

El juicio de Echeverría con respecto a la “Biología del amor” de Humberto Maturana, el asunto que comento en este artículo, es categórico: “es insostenible y carente de todo sustento serio”. Echeverría no funda su juicio, al menos no en esta carta. ¿Por qué el planteo de Maturana le parece insostenible? Más grave aún: ¿qué lo lleva a declarar no tiene “sustento serio”? ¿Es una “payasada” de Maturana? Pero para volver a la seriedad, lo que cabe preguntar es: ¿De qué se trata la “Biología del amor” propuesta por el biólogo Maturana?

La biología del amor

Se trata de un abordaje desde la biología, desde el cuerpo, de una distinción –el amor— que tradicionalmente se ha situado al nivel del alma, de la espiritualidad. De hecho, Maturana hace referencia a Jesucristo cuando responde una pregunta acerca de la biología del Amor: “Jesús cuando genera la nueva ley, abandona el pacto de la obediencia y desarrolla el pacto del amar. Eso es lo que lo separa del sacerdocio, porque habla de una forma particular de relacionarse fundada en el amar. Toda su enseñanza tiene que ver con el amar y en ese sentido Jesús es un ser único en la historia. Todas las religiones están basadas en la obediencia, en la ley, en el dogma, en los procedimientos, en el sufrimiento, en la compasión; pero lo de Jesús es distinto ya que está basado en el amar. Eso se advierte en los relatos en que habla de la fe, que es confianza, y la confianza es el acto de aceptar la legitimidad de las circunstancias del otro y la propia. El pecador que confía en su fe, se salva. Cuando Jesús dice estas cosas está dentro de la norma, de la ley; pero él rompe con el sacerdocio, rompe con la ley. Jesús está hablando de algo que es más fundamental que la obediencia, que el temor a dios, busca identificar el Padre con el amar. El único elemento central es el amor. Esto es tan básico que lo trastoca todo” (Entrevista concedida a Ecovisiones, del Instituto Universitario de Tecnología Juan Pablo Pérez Alfonzo, Venezuela)

En la propuesta de Maturana, el amor no es una cualidad, un don, o una virtud, sino un “fenómeno relacional biológico” que consiste en las conductas o la clase de conductas a través de las cuales el otro, o lo otro, surge como “un legítimo otro” en la cercanía de la convivencia. Aclara Maturana que “el otro”, o “lo otro”, puede ser uno mismo. Esto, entendiéndose que la legitimidad del otro se constituye en conductas u operaciones que respetan y aceptan su existencia como es, sin esfuerzo y como un fenómeno del mero convivir. “Legitimidad del otro” y “respeto por él o ella”, son dos modos de relación congruentes y complementarios que se implican recíprocamente. “El amor es un fenómeno biológico propio del ámbito relacional animal”, que en los mamíferos aparece como un aspecto central de la convivencia “en la intimidad de la relación materno-infantil en total aceptación corporal” (ver referencia aquí).

¿Cómo fundamenta Maturana su “Biología del amor”? En primer lugar, reconociendo al amor como una emoción, como un fenómeno biológico –“somos biológicamente emocionales”— y como perteneciente al dominio de las acciones. La biología del amor consiste, en suma, en la aceptación de la legitimidad del otro. “El amor es el dominio de las acciones que constituyen al otro como un legítimo otro en convivencia con uno. Uno se encuentra con otro y, o se encuentra en las acciones que lo constituyen como un legítimo otro en la convivencia, o no” (Publicado en Cafes’s Blog)

En segundo lugar, Maturana sustenta su planteo sobre el amor en la observación del fenómeno humano; es algo que nos pasa a los humanos, así de simple. “Pienso que las condiciones para vivir en la biología del amor son señalables solo a posteriori –nos dice— como comentario intrascendente: el amor le pasa a uno. Así, simplemente. Lo que uno puede hacer es reflexionar sobre la negación cultural del amor, aun cuando se lo destaca o valora. El amor es el dominio de las acciones que constituyen al otro como un legítimo otro en convivencia con uno. Uno se encuentra con otro y, o se encuentra en las acciones que lo constituyen como un legítimo otro en la convivencia, o no. A uno le pasa eso. También le pasa a uno que se encuentra con alguien en las acciones de rechazo, negación o indiferencia, como algo que le sucede a uno porque sí, desde la nada. El suceder de la experiencia le pasa a uno en el fluir del vivir. Así como el vivir humano se da en el conversar, el emocionar le sucede a uno en el fluir del conversar, y esto tiene una consecuencia fundamental: si cambia el conversar, cambia el emocionar, y lo hace siguiendo el curso del emocionar aprendido en la cultura que uno vive y ha vivido. Es debido a esto el efecto terapéutico de la reflexión, como un operar que lo centra a uno en su cultura y en lo fundamental de lo humano que es el amor” (Ibíd.)

Al final del párrafo anterior tenemos otro concepto importante en el pensamiento de Maturana, el relacionado con “lo fundamental de lo humano”, y este principio fundamental es nada menos que el amor.

Si bien Rafael Echeverría ha declarado que este planteo de Maturana le parece insostenible y poco serio (y, de hecho, no incluye al amor como fundamento o “dominio primario” constitutivo de la existencia humana) sí se refiere al respeto por el otro, a la “ética de la convivencia” (Ética y coaching ontológico, 35) y “aceptar que los otros son diferentes de nosotros, y que en tal diferencia son legítimos” (Ontología del Lenguaje, 169). La diferencia con Maturana puede estar en que éste identifica el reconocimiento del otro como un “legítimo otro” como una acción de amor y como fenómeno relacional biológico, en tanto que Echeverría sólo le da un carácter ético.

La discusión consistiría, entonces, en definir si el reconocimiento del otro como legítimo otro es o no una acción de amor, y si se trata de un hecho biológico o solamente ético (o si es ambas cosas).

Si aplicamos los conceptos aquí discutidos a la práctica del Coaching, tenemos que ésta debería manejarse siempre en el ámbito de la amorosidad, es decir, del profundo respeto del coach por el derecho del otro a definir su propia existencia en forma autónoma, haciendo un esfuerzo consciente por abstenerse de toda forma de manipulación del otro, o de “convertirlo” en prosélito de las enseñanzas del coach. En otras palabras, la legítima práctica del Coaching es “no directiva”.

Viviendo en la biología del amor, el coach puede hacer su trabajo con legítima humildad. “Un coach ontológico que se aleja de la humildad –dice Echeverría— corre el riesgo de convertirse en un ser aberrante. A veces los hemos visto deambular por el mundo produciendo espectáculos patéticos. Es uno de los mayores peligros relacionados con este oficio. El coach ontológico debe estar permanentemente atento al cultivo de su ética” (Ética y coaching ontológico, 91).

Como conclusión, me da la impresión que Echeverría concuerda con el contenido central de la propuesta de Maturana en cuanto a la Biología del amor: reconocer al otro como legítimo otro, diferente a mí. Tal vez le parezca insostenible y poco serio definirlo como un fenómeno relacional biológico. Tal vez le haga falta examinar el asunto más detenidamente, quizás en diálogo con el que difiere con él. Así como están las cosas, me parece a mí que esta controversia manifiesta una de las tantas contradicciones o inconsistencias internas que presenta Rafael Echeverría en sus escritos.

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Espinosa Carlos Enrique

ARGENTINA // En la actualidad da conferencias, conduce seminarios y talleres de Coaching, Oratoria, y Filosofía para Niños, escribe, traduce, desarrolla talleres Gestálticos, enseña Filosofía, Sociología y Teología Ecuménica en el Seminario Mayor de Jujuy “Pedro Ortiz de Zárate”, y dirige la escuela de formación en Coaching Integral (Ontológico y Europeo) en “SINERGIA ART COACHING”. Realiza acompañamientos de Coaching a personas individuales y a empresas privadas y estatales en Jujuy, Salta y Tucumán, y naciones vecinas.

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