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Coaching: un método fácil, pero no tanto

Más allá de la técnica
por Ugarte Juan9 enero, 2016

“Han transcurrido veinte años desde que apliqué por primera vez el término coaching al contexto empresarial, y diez desde que escribí la primera edición de este libro, que se ha convertido para muchos en el texto definitivo sobre metodología del coaching en el mundo de la empresa… el coaching se ha convertido en algo global.

Por desgracia, la popularización de este concepto llevó a que tanto individuos bienintencionados como otros sin escrúpulos lo aplicaran a sus viejos productos.”

John Whitmore: Coaching. Paidós Ibérica. Barcelona, 2002.

A pesar de la popularización de este término o tal vez por ello, el coaching es una disciplina aún por consolidar, tanto en lo académico como en lo profesional, donde se está dando una proliferación de métodos, aplicaciones y traslaciones verdaderamente vertiginosas. El coaching es algo sorprendente, pero no va más allá de conversar con cierta gracia. Cuanto más “aparato” tiene detrás, o mayor es el esfuerzo por acreditar su origen en filosofías, ontologías, psicologías y teorías de la inteligencia o de la estupidez, más se desvirtúa; cuantos más especialistas surgen en la educación, los ejecutivos o el deporte, más se complica y pierde la eficacia de lo sencillo.

Su éxito comercial, como dice John Whitmore, ha llevado a que emerjan personas interesadas que lo han “arrimado a su sardina” para aprovecharse de su impacto con fines económicos, y otras, bienintencionadas, que han creído descubrir en él algunas de las cosas que ya estaban haciendo, para pasar a considerarse coaches de la noche a la mañana, sin completar un mínimo proceso de aprendizaje, de desaprendizaje.

El coaching requiere un ejercicio previo, si se nos permite la expresión, de “idiotización”. Hacerse coach exige recuperar la inocencia del niño de cuatro años y abrirse a lo desconocido, para lo que antes de nada hay que aparcar conocimientos y prejuicios, sobre todo racionales. Si Sócrates no pareciera tan listo o tan sabio, realmente su mayéutica sería la mejor manera de describir el coaching.

Por eso, por el requisito de inocencia y desinterés, en una cultura en la que la competencia y el beneficio son referencias básicas en la orientación e interpretación de la acción humana, “hacerse” coach no resulta fácil, ni mucho menos inmediato.

También por eso tal vez uno de los campos más fecundos y accesibles para conseguirlo sea el del ocio; no porque éste consista en algo banal, sino porque en él la liberación de la “identidad social” es, o ha de ser, completa. Hay que aclarar que con el término ‘ocio’ no aludimos a esta especie de activismo divertido explotado comercialmente como cualquier producto de consumo y que tampoco requerimos para él una especial hondura mística o trascendente. Sólo ha de ser lúdico, personal y libre.

De hecho, vivido de esta manera lo que muchas veces puede pasar por una apasionada actividad laboral o profesional, al fondo es una experiencia de ocio a la que el protagonista se entrega con entusiasmo, donde hay algo que emerge para llevar a su autor a la “acción con sentido” y a un desempeño “extraordinario”. Y esto se da en el mero juego, sobre todo en el juego… y en el coaching.

Esto nos ha llevado a hacer del juego, “divertidamente rigurosos”, el eje de nuestro coaching, un campo en el que de forma emocionante, fácil e indolora, se produce la apertura de nuestra personalidad, el despliegue de nuestro potencial, también el profesional, y la recuperación de nuestras ganas de “ser más”, de “ser mejores”, eso que tanto nos gusta en los niños y también puede ser realidad en los adultos.

Juan Ugarte, Ph.D. Filósofo y coach – Director de la Escuela de Dirección de la Pequeña Empresa

Descripción general
Tema

El coaching es un método sencillo que ha sufrido un boom espectacular. Los éxitos cosechados por su aplicación y la aparente facilidad con la que se obtienen los resultados ha generado un clima de confusión y cierta turbiedad, en la que en ocasiones se complica y en otras se trivializa.
El coaching es algo fácil, pero hacer coaching y hacerlo bien es una actividad que requiere un proceso de "desaprendizaje" en el coach y no es inmediato.
El ocio, lo lúdico, el "scholé" de los clásicos es tal vez una de las buenas referencias para acercarse al coaching, porque permite la apertura de la personalidad y el despliegue natural del talento humano.

Objetivo

Ofrecer un primer acercamiento a la filosofía del coaching basada en el desarrollo de la personalidad, por el propio cliente, a través de la conversación lúdica y distendida.

Tiempo de lectura

5'

Tiempo de visionado

5'

Créditos

Fotografía de Macús Díez

Citar artículo

Ugarte, J., "Coaching: un método fácil, pero no tanto"[en línea], International Non
Directive Coaching Society, 2016. [fecha de consulta DÍA de MES de AÑO]. Disponible en
http://www.internationalcoachingsociety.com/coaching-un-meto…il-pero-no-tanto/

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Ugarte Juan

ESPAÑA // Licenciado en Filosofía por la Universidad de Salamanca y Doctor por la Universidad de Deusto, conoció el coaching de la mano de Vincent Lenhardt (Transformance – París) en 2006. Aprendió a practicar Co-Active Coaching con The Coaching Training Institute (CTI) completando el Core Curriculum en España en 2007 y profundizando en la disciplina como asistente durante 2008 en España y Francia.
Ha desarrollado y dirigido programas de formación en coaching y ha colaborado como director en proyectos de investigación en coaching.
Su tesis doctoral versa sobre el coaching como alternativa para el desarrollo del talento. Propone este método como una apuesta para el descubrimiento personal del propio potencial, con una sólida fundamentación desde la filosofía, la estética, la teoría del ocio y la ciencia social.
Es un coach “que hace coaching”, afirma tener una experiencia abundante, no desbordante.

4 Comentario
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  • Julián
    10 enero, 2016 at 14:00

    Buena reflexión Juan,

    En un principio estaba muy pendiente de las aberraciones que se pueden ver, leer y escuchar, en las redes sociales, tv, y radio. La verdad es que era bastante crítico y lo demostraba aportando mis opiniones e intentado razonar con quien había dicho, o escrito eso que a mí me parecía que se salía de los principios éticos del Coaching. No porque fuera un punto de vista mío, sino, porque eran asuntos que están reflejados en todos los códigos éticos de todas las certificadoras. Y tod@s est@s con los que yo pretendía aprender algo nuevo, eran coaches certificados.

    El caso es que pocos contestaron a mis críticas, (ni uno). Incluso gente muy experimentada de ICF, (PCC’s), quedaron en silencio, y no me aportaron absolutamente nada más que silencio.
    Esto hizo que me apartara de todos los foros de “profesionales del Coaching”.

    Entendí que hay mercado para todo, incluso para el Coaching Aberrante…

    Tengo muy poca experiencia, pero he tenido la gran oportunidad de llevar algunos procesos de Coaching personal y ejecutivo, con gente que me ha venido de segundas, de coaches muy influyentes que dejaron a estos Clientes tirados a medio proceso, y no les cogían ni las llamadas ni les respondían los correos electrónicos. Otros se habían convertido, (o siempre lo fueron), en malos asesores que los dañaron emocionalmente. Eso sí, con unas tarifas de tres cifras que no vienen al caso.

    Todo este cúmulo de cosas, y algunas anécdotas más, hicieron que entendiese, que la certificación hoy, sirve para poco o nada, ya que es una prueba teórico/práctica pura y dura, y la puede llegar a pasar cualquiera que se lo proponga aunque tenga un mal fondo. Pero lo que sí es cierto, es que cualquiera no tiene la capacidad de llevar a cabo todos esos principios éticos a los que “prestó juramento”, sin prostituirlos.

    Desde mi punto de vista, un Coach, antes que toda la formación académica que tenga relacionada con el Coaching, debería tener unos principios y unos valores básicos como persona, que estuviesen equilibrados con la esencia del Coaching; es decir, con el respeto al tiempo de aprendizaje de su Cliente. Debe tener la capacidad de esperarlo sin aportarle conocimiento externo, porque confía en que sí que podrá…y esto no se enseña en ninguna escuela, ni en ninguna certificadora. Es Fe en el potencial de los Clientes. Entendiendo la Fe como lo que es, un creer sin ver.

    Suena incoherente llamarle al Coaching, No Directivo, ya que según todos los códigos éticos, es no directivo en esencia, pero por lo visto llamarle No Directivo, se ha convertido en algo necesario, que Leonardo Ravier, vio antes que yo por supuesto. Y esto es un indicador de la evolución hacia la degradación que está sufriendo la disciplina.

    El aportar a los Clientes el “premio inmediato” de tener una respuesta rápida que solucione sus asuntos, sin tener que pensar, está ocasionando que el Coaching Directivo, genere grandes beneficios a estos coaches certificados y no certificados, que realmente son asesores.
    El Coaching No Directivo, es Voluntad y Esfuerzo por parte del Cliente, por lo tanto no hay respuesta rápida que solucione nada por parte del Coach No Directivo. Esto hace que cada vez me quede más claro, que tenemos un tipo de Cliente muy específico, y por lo que veo, este Cliente está dentro de un mercado muy reducido, por estar en una sociedad en la que la cultura del esfuerzo se está erradicando.

    Quizás mi actitud te pueda parecer pesimista en relación al Coaching, pero todo lo contrario; siempre he preferido pertenecer a un club de Jazz selecto, donde sus pocos miembros son muy exigentes.

    Bienvenido a la sociedad,

    Julián

    • 10 enero, 2016 at 20:11

      Muchas gracias por tu acogida y por tus comentarios, Julián. Te felicito además, humildemente, por tu claridad de ideas. Confío en que entre todos podamos hacer crecer y mejorar esta disciplina.
      Me tienes a tu disposición para lo que puedas necesitar.
      Un saludo cordial,
      Juan

    • 11 enero, 2016 at 23:33

      Gracias por tu reflexión Julián, y por la bienvenida a Juan Ugarte.
      ¿Te has convencido, entonces, que el pleonasmo de “Coaching No Directivo” es necesario? : )
      En mi próximo libro (espero que en breve se publique) dedico un aportado a justificar dicho pleonasmo.
      Abrazo
      Leo

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