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COACHING: Más allá del lenguaje y los actos lingüísticos ©

por Espinosa Carlos Enrique el 5 febrero, 2016
Artículos de opinión
Descripción general
Tema

Lenguaje, actos lingüísticos © y conciencia

Objetivo

Reconocer el valor fundamental de la conciencia en los procesos de coaching

Tiempo de lectura

6 minutos

Créditos

Foto (CC BY-SA 4.0): "Talk" de Lovelorn Poets.

Citar artículo

ESPINOSA, E., "COACHING: Más allá del lenguaje y los actos lingüísticos ©" [en línea]. International Non Directive Coaching Society, 2016. [fecha de consulta DÍA de MES de AÑO]. Disponible en http://www.internationalcoachingsociety.com/coaching-mas-alla-del-lenguaje-y-los-actos-linguisticos

Según Rafael Echeverría, existen sólo tres dominios primarios en la existencia humana. Los tres dominios son: Lenguaje, emocionalidad y corporalidad (Ontología del lenguaje, 32, de aquí en adelante OL).

De esos tres, se destaca ostensiblemente el lenguaje. De hecho, Echeverría ha denominado “Ontología del lenguaje” lo que, a su juicio, significa “ser un humano”. “Ontología”, en el uso que le da Echeverría a esa palabra, no significa lo mismo que en la tradición filosófica. En Filosofía, la Ontología es la rama que estudia el “ser” (lo que llamamos “realidad”) a diferencia de la Gnoseología, que estudia la manera cómo los humanos conocemos esa realidad. Echeverría “toma prestada” la palabra Ontología (OL, 28) y le da otro sentido. En el uso que le da Echeverría a la palabra Ontología, ésta se refiere a “lo que significa ser humano” (OL, 28). En consecuencia, “Ontología del Lenguaje” significa que el ser humano es un ser lingüístico.

A mi juicio, esta designación del ser humano me parece reduccionista. Echeverría puede haber escuchado una crítica como ésta, o bien, puede haber notado él mismo el reduccionismo de su designación del fenómeno humano. Por eso dice: “Es importante evitar una interpretación reduccionista de este postulado, que restrinja la complejidad de los fenómenos humanos al lenguaje y que, por lo tanto, prescinda de otras dimensiones no lingüísticas de la existencia humana. Tenemos claro que los seres humanos no son sólo seres lingüísticos” (OL, 32). De todos modos, el lenguaje —junto con las emociones y el cuerpo— son los tres dominios primarios del fenómeno humano, de acuerdo con Echeverría; fuera de estos tres no hay más.

Lo que planteo en este artículo es mi interpretación de que los dominios primarios del ser humano son por lo menos seis: al lenguaje debemos agregar la conciencia (como explico en este artículo), a las emociones debemos agregar como polaridad los pensamientos, y a la corporalidad, la espiritualidad. Pero de todo esto no hablaré en este artículo; quien tenga interés puede contactarme por internet.

¿CÓMO PUEDE EL HUMANO SER UN ENTE LINGÜÍSTICO?

El lenguaje, desde el la conceptualización aristotélica y desde la actual conceptualización de la Filosofía de la Naturaleza, no es una “sustancia” sino un “accidente”. Las sustancias subsisten; esto quiere decir que existen en sí mismas. Los accidentes, por el contrario, sólo existen in alio, en otro. Como ejemplo, una manzana es una sustancia porque existe en sí misma, y el color de la manzana es un accidente porque existe “en la manzana”. El color es un accidente porque no existe en sí mismo, separado de alguna cosa, sino que siempre es color de alguna cosa: de una fruta, un animal, una roca, una pintura o esmalte, etc. Con esta explicación, puedo decir que el lenguaje es un accidente, o sea, es el lenguaje “de alguien”: de las personas humanas, de una especie animal, de un sistema informático, etc.

Ahora cabe la pregunta: ¿cómo puede un ser vivo tener lenguaje? En particular, ¿cómo puede un ser humano tener lenguaje? Sostengo que, ya sea que con el leguaje los humanos describamos la realidad tal como la percibimos, o generemos nuevas realidades, “lenguajeamos” –término acuñado por Humberto Maturana— porque somos seres conscientes: tenemos experiencias inmediatas (experimentamos emociones) y luego hablamos de lo que nos pasa, porque tomamos conciencia de nuestra emoción. Es decir, existe un “yo” que tiene miedo, un yo que se “da cuenta” de que tiene miedo, y un “yo” que habla acerca de ese miedo. Sólo el primate humano, sostiene Maturana, puede explicar lo que le pasa a través del lenguaje.   El humano, entonces, según mi concepción, no sólo es un ser lingüístico sino que también es, al mismo tiempo, un ser consciente. Si uso el lenguaje de Echeverría, puedo decir que la conciencia es un “dominio primario” del fenómeno humano, y que es inseparable del dominio del lenguaje. A diferencia de los demás mamíferos, el humano tiene conciencia de sí mismo, y por esta razón puede plantearse preguntas sobre su propia existencia: ¿Por qué esto me produce miedo?, ¿está bien o está mal que me dé miedo?, ¿qué puedo hacer para superar mis miedos?

La conciencia a la que me refiero aquí, es simplemente el “darse cuenta”. En este contexto, no pretendo darle a la palabra conciencia otras connotaciones psicológicas o espirituales, que de hecho las tiene por el uso que se le ha dado a la palabra.

En suma, si decimos que los humanos somos seres lingüísticos porque “vivimos en el leguaje”, porque hacemos distinciones conceptuales –y hasta pensamos— gracias al lenguaje, tenemos que admitir de inmediato que hay una “polaridad” en el lenguaje que es la conciencia. Somos seres conscientes, auto-conscientes, además de seres lingüísticos; somos seres lingüísticos porque somos seres auto-conscientes. El lenguaje es expresión de la conciencia, y la conciencia tiene forma gracias al lenguaje. No es el uno sin la otra, y viceversa. Todo esto no descarta el hecho que en la memoria celular y cerebral de nuestro cuerpo tenemos información inconsciente (de la que no nos damos cuenta) y que a veces esa información se manifiesta mediante el lenguaje (no sólo del lenguaje hablado).

He usado el término polaridad, en el párrafo anterior, en el sentido de la filosofía de Heráclito de Éfeso. Según este filósofo antiguo, cada noción tiene su polaridad –que no necesariamente es su opuesto. Por ejemplo, la noción “macho” tiene una polaridad que es “hembra”, la noción “frío” tiene una polaridad “caliente”, la “vida” y la “muerte” son polaridades también, y así con cada noción o idea. Los entes que están en la polaridad se necesitan, dice Heráclito, y no puede existir el uno sin el otro, forman un todo. No entenderíamos el sentido de “frío” si no tenemos el sentido de “calor”, por ejemplo. Y, de paso, el constante devenir que observamos en la realidad, se debe a un permanente paso de una polaridad a otra, según Heráclito.

Es en este sentido que sostengo que no habría lenguaje sin conciencia, es decir, sin un ente consciente que se expresa mediante el lenguaje. Los actos lingüísticos básicos —afirmar, declarar, juzgar, pedir, ofrecer y prometer—son afirmaciones, juicios, promesas, etc. de alguien. Soy yo el que emito un juicio, es Juan el que afirma, es Rosita la que ha prometido. El lenguaje es un accidente: no existe en sí mismo sino que es lenguaje de alguien. Y ese alguien que habla o escribe, que piensa o siente, es alguien que puede hablar y escribir, pensar y sentir, porque tiene conciencia (porque es consciente y auto-consciente).

Para el Coaching, todo lo que planteo aquí significa que para trabajar con nuestros clientes no sólo vamos a necesitar competencias lingüísticas o conversacionales, sino que también nos hacen falta competencias relacionadas con nuestros propios “darnos cuenta” y con las que ayudan a nuestros clientes a tener sus “darse cuenta” particulares y personales. Darse cuenta o tomar conciencia, siempre es una experiencia personal. Cada uno debe darse cuenta por sí mismo. En esto, entre otras cosas, consiste la esencia de la “no directividad” en el Coaching: en las conversaciones de Coaching humanista (europeo, de esencia no directiva) se trabaja con la técnica de “espejar” para facilitar el darse cuenta del cliente, desde donde arranca su accionar y donde se sustenta su responsabilidad.

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Espinosa Carlos Enrique

ARGENTINA // En la actualidad da conferencias, conduce seminarios y talleres de Coaching, Oratoria, y Filosofía para Niños, escribe, traduce, desarrolla talleres Gestálticos, enseña Filosofía, Sociología y Teología Ecuménica en el Seminario Mayor de Jujuy “Pedro Ortiz de Zárate”, y dirige la escuela de formación en Coaching Integral (Ontológico y Europeo) en “SINERGIA ART COACHING”. Realiza acompañamientos de Coaching a personas individuales y a empresas privadas y estatales en Jujuy, Salta y Tucumán, y naciones vecinas.

3 Comentario
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  • 5 febrero, 2016 at 21:00

    Estimado Enrique:

    Gracias por tu articulo. En efecto, alguna vez comenté con Rafael Echeverría acerca de la dimensión ESPIRITUAL del ser humano, Es fundamental en los procesos de coaching. Víctor Frankl habla en su libro EL HOMBRE EN BUSCA DEL SENTIDO ÚLTIMO sobre este tema. Me he encontrado que debajo de los aparentes dilemas que enfrentan mis clientes (n el hacer o el tener) está el vacío del SER.

    Un abrazo y paz siempre.

    Alberto Beuchot

    • 6 febrero, 2016 at 02:53

      Gracias Alberto: En efecto, he leído en Echeverría –y he escuchado hace tres meses una conferencia suya– en la que sostiene que la humanidad está viviendo una profunda crisis, y que esa crisis es acerca de la búsqueda del sentido de la vida. Esa búsqueda es propia de los seres humanos, y se encuentra en el dominio de la espiritualidad. Buscar el sentido de la vida no es algo meramente emocional, ni corporal. Y aunque es obvio que hacemos distinciones en el lenguaje acerca del sentido de la vida, esta búsqueda y la crisis con la que relaciona no se debe sólo a la capacidad humana de “lenguajear”; esa búsqueda está más allá del lenguaje, está en un plano definitivamente superior. La espiritualidad, sostengo, es una polaridad de la corporalidad, y está estrechamente vinculada con la conciencia y con el pensamiento (mente). Gracias por el saludo! Lo correspondo.
      Enrique Espinosa Cifuentes

  • Eduardo Uribe Díaz
    23 octubre, 2017 at 15:55

    Pues creo que el ser humano ha estado siempre en crisis por la búsqueda de su propósito de vida , no es solo de esta época, más bien es en esa insatisfacción innata que le precede ante lo logrado, y ante su estado actual, y la vaguedad de su futuro. Y obviamente no lo ha encontrado ni en el lado espiritual , ni en el lado material, porque trasciende a ello. El ser humano desde siempre ha buscado como mejorar su estado presente, es un ser razonador que actúa a base del cuestionamiento de sus propias emocionalidades, y de lo que percibe en su entorno, sabe intrínsecamente que esta en este mundo cumpliendo un propósito pero se niega a aceptar que esta extraviado y que debe de escuchar su propio “yo soy”, que lo externo lo ha distraído tanto que no puede ni escucharse así mismo; por tanto la vía más viable es aceptar nuestra limitada realidad respecto a lo que nos ocurre y a lo que ocurre en nuestro entorno, nuestra percepciones son limitadas porque no nos hemos permitido desarrollar nuestros sentidos con todo su potencial.

    Saludos cordiales.

    Eduardo Uribe Díaz
    planuribe@hotmail.com

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